En todas las voces nuevas
puedo reconocer
el susurro firme
de tu antigua voz.
Voz sin rostro,
que permanece intermitente
en los recuerdos de las calles
baldeadas de este sur.
Con una pilsen en la mano
y en la otra una guitarra
jugábamos volao´s
a hacer rock and roll.
Adolescente,
caminas allá lejos en mi memoria
como una foto carnet
descolorida, mojada y arrugada,
promiscua, rebelde y equivocada,
pero siempre libre.
Vas dejando
en los cajones pedregosos
tu estela de sonrisas
y ataques de risa
Y es verdad, te recuerdo,
porque podría reconocer
desde el otro mundo tu voz
inconclusa y susurrante,
reconozco como radar
tus espasmos casi de epilepsia,
burlescos y destellantes
Te reconozco,
porque te conozco
o por que te conocía...
Ahora sólo quiero decir
que hoy te vi,
y como nunca antes dudé,
no creí que fueras tú.
Delgado, triste, sin habla,
sin luz, sin ganas,
con manos cansadas,
la radio apagada,
la vestimenta blanca
y la enfermedad evidente
de una cabeza calva...
"No hay alegría que te alegre tanto como caer de golpe en la tristeza ni dolor que te duela tan a fondo como el placer de vivir sin objeto" Enrique Lihn
jueves, 13 de junio de 2013
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